4/13/2009

Joe Strummer: El futuro no está escrito

Apoyando a los bomberos. No fue ni por dinero, ni por premios, ni por homenajes póstumos ridículos que The Clash renació fugazmente. Joe Strummer volvió a tocar junto a Mick Jones "White Riot" "Bankrobber" y "London’s Burning" el 15 de noviembre de 2002. Había que denunciar los bajos sueldos de los bomberos londinenses. Fue la última vez que compartieron escenario: un mes después Strummer falleció.

Ocurrió el 22 de diciembre de 2002, año trágico para el punk-rock. Seguramente los malvados punkies estadounidenses no se enteraron -y nunca lo harán-, mientras cantaban en algún Warped Tour canciones de Bad Religion, que Ricky Espinosa, vocalista y compositor de Flema, fallecía en un confuso incidente a mediados del mismo año. O que el baterista de la Polla Records, Fernandito Murua, dejaba de existir el 3 de septiembre, a causa de un problema cardiaco. También se fue Dee Dee Ramone, el compositor más prolijo de la banda de Queens.

A diferencia de los demás, que más allá de algunos correctos libros u filmes sobre sus agrupaciones, Strummer es el único de la lista que cuenta con un largometraje exclusivo para él.

El material, titulado The Future is Unwritten -El futuro no está escrito-, es un documental de 2 horas de duración, que aborda toda la vida del vocalista de The Clash y de The 101'ers. Desde sus inicios, en un internado conservador, pasando por sus apoteósicas giras por Estados Unidos, hasta llegar a su renacimiento musical a fines de los noventa con su banda The Mescaleros.

El director, Julien Temple, el mismo que realizó el notable documental definitivo sobre Sex Pistols, The Filth and The Fury, reconstruye la historia del cantautor a la altura de la misión: con elegancia y sutileza.

Amigos y conocidos, desde Don Letts -el mismo de Punk Attitude-, Johnny Depp, Jim Jarmusch -Coffee and Cigarrettes- u antiguos compañeros de The 101'ers, son los encargados de recordarlo y escarbar en sus motivaciones y aspiraciones, que lo llevaron a transformarse en uno de los íconos del rock de todos los tiempos. Sitial, por cierto, en el cual nunca se sintió del todo cómodo.

Hay varias escenas notables e incluso curiosas. En una se relata que Strummer -cuyo nombre real era John Graham Mellor-, junto a un grupo de amigos, abren una okupa en Walterton Road -en la numeración 101-. Ahí aparece la banda de rockabilly The 101'ers. En ese momento, el propio Strummer recuerda al chileno Antonio Narváez, quien participó en el génesis de la agrupación oficiando de baterista. Otro nacional, que no es mencionado en el filme, también formó parte del grupo: el saxofonista Álvaro Peña.

También se expone el auge y decadencia de The Clash. Desde sus inicios rabiosos e incendiarios a fines de los setenta. Con sus parches serigrafiados con frases como Hate and War y sus afilados acordes acelerados, hasta sus experimentaciones musicales que partieron con el disco Sandinista (1980) y terminaron con su éxito inesperado y arrollador en EE.UU, que de cierta forma, constituye uno de los motivos centrales del quiebre definitivo del cuarteto.

Al único que se le extraña, sobre todo, debido a la presencia de varios personajes que sobran, como Bono o Johnny Deep, es a Paul Simonon, bajista de la banda. El único Clash -histórico- que no participa en el documental.

Además, Temple profundiza en pasajes poco conocidos del músico, como sus participaciones en diversos largometrajes -componiendo bandas sonoras y actuando-, como Mystery Train o Walker, además de su curiosa idolatría hacia la cultura rave y la música electrónica, que considera "el reencuentro" entre los punks y los hippies.

Y bueno, hay varios datos sabrosos: como que Topper compuso Rock the Casbah porque nadie más llegó al estudio. O que Strummer se escapó a mediados de los ochenta a Francia para correr la maratón de París. Bernie Rhodes -el manager-, desesperado, contrató un detectivo para encontrarlo.

En síntesis: un gran documental. Que claro, no consigue desmitificar a la leyenda, "al caudillo del punk-rock", -como el mismo se califica al comienzo del filme-, sino que la intensifica. Pese a esto, para cualquier fanático del punk e, incluso, del rock en general: es un gran trabajo. El que permite conocer los detalles de sus contradicciones, de sus ideas políticas -que quedan expuestas como bastante endebles- y de más de algún pasaje personal. Es un material de revisión obligatoria.

¿Y por qué se llama así la película? El propio Strummer lo explica al final de ella:

La gente puede cambiar todo lo que quiera: cualquier cosa en el mundo. Van siguiendo su caminito. Yo soy uno de ellos. Pero hay que parar y no mirar sólo nuestra pequeña huella de ratón. La gente puede hacer cualquier cosa, es algo que estoy comenzando a aprender. Ellos están ahí haciéndose daño unos a otros. Están deshumanizados. Es hora de recuperar la humanidad y llevarla al centro del ring y actuar así por un tiempo: El futuro no está escrito. La codicia no va a ningún sitio. Tendrían que escribir eso en un gran cartel. Sin la gente no somos nada, eso es lo que pienso."


(Strummer junto a The Mescaleros el 17 de noviembre de 2002)

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